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¿Planeando un viaje? Aquí te traemos un extenso artículo que habla sobre las razones que han de llevarte a visitar el departamento del Amazonas en Colombia. ¡No te lo pierdas!

Porque resultaría complejo describir cada detalle de la región amazónica, se sugieren cinco grandes razones para hacer la expedición a un destino que, a pesar de las alternativas de acceso, sigue siendo un enigma; por la magnitud de toda la vida que circula en la densidad de los bosques y sus alrededores.

1. El río Amazonas

Paranaguazú es un vocablo indígena que significa gran pariente del mar. Inequívoca acepción aborigen otorgada antes de la conquista para hacer referencia al Amazonas. Luego, en el siglo XVI, fue el conquistador Francisco de Orellana quien le dio el nombre actual, aunque en gran parte del Brasil lo llaman Solimoes.

No hasta hace mucho se creía que el rio Amazonas era el más caudaloso del mundo, pero algunos expedicionarios corroboraron esta y otras características. Determinaron que con 6.800 km es el más largo del mundo y que también el rio Amazonas es el más profundo y el más ancho de todos los ríos. Prueba de ello, su desembocadura en el océano Atlántico, que oscila entre los 20 y 325 km.

El Amazonas deja 116 km de su extensión en el territorio colombiano, una cualidad por la que al país lo llaman patria de los tres mares. Por sus costas en el Pacífico y en el Caribe, y por las riberas en tan impresionante cauce lleno de vida en sus aguas y en todas las zonas de influencia… en verdad el río Amazonas infunde respeto.

2. Leticia y las Posadas de Monilla Amena

Se rompe el enigma de que el lugar flota en las aguas del Amazonas. Las calles de Leticia son una pequeña fracción de urbanismo en medio de la selva amazónica. La ciudad, la más austral de Colombia, es por obligación el punto de llegada desde el interior al exótico territorio. Se observa allí la dinámica comercial del puerto, la figura en bronce y en carne y hueso del emblemático Kapax, el revoloteo de miles de loros en los parques Orellana y Santander; y el beneplácito porque este es el escenario que funde por tierra las fronteras de Colombia y Brasil.

A nueve kilómetros de Leticia, en la vía a Tarapacá, se hallan las posadas turísticas administradas por el resguardo huitoto Monilla Amena. Son quince malocas indígenas, cobijo para viajeros interesados en conocer el misticismo de comunidades ancestrales y en internarse en los secretos silvestres a partir de las chagras indígenas, de los caminos ecológicos y de las solemnes actividades programadas en el Centro Étnico Monifue Amena.

Al retomar la dirección hacia Tarapacá, a mano izquierda se ingresa a la reserva Tanimboca. Son treinta hectáreas que recogen buena parte de la diversidad biológica de la Amazonía a través de la conservación y la labor pedagógica que se adelanta. El tiempo se pasa libre y sanamente en actividades como escalada de árboles, cánopy en el dosel de la selva y canotaje en la quebrada Yahuarcaca, además de charlas pedagógicas y visita al serpentario; lugar que concentra también otros ejemplares de la abundante fauna.

3. Navegando el río Amazonas, Reserva Victoria Regia e Isla de los Micos

Del puerto de Leticia salen las embarcaciones que llevan por muchos de los sitios de interés apostados en las orillas colombiana, peruana y brasilera del Amazonas. Río arriba uno de las primeras estaciones que motiva el desembarco es la Reserva Turística Victoria Regia, cuyo nombre obedece a la conservación de la flor de loto más grande del mundo y que es símbolo de la flora amazonense.

La victoria regia es una imponente planta acuática que crece en aguas tranquilas y cuyas hojas alcanzan diámetros considerables de hasta de dos metros. Son muy vistosas sus flores blancas con corazón rojo recostadas en el verdor de las enormes hojas. Junto con la conservación del loto, en la reserva florecen heliconias y crecen árboles nativos, entre ellos el huito, el cedro y el caucho.

Más adelante, frente al corregimiento de Santa Sofía, está la isla de los Micos, terreno de 450 hectáreas dispuesto hace más de cuarenta años por un personaje norteamericano para que fuera hábitat de miles de micos, principalmente de la especie fraile. Los pequeños monos se agazapan en las florestas, pero aparecen raudos cuando llegan sus cuidanderos a ofrecerles alimento. En ese momento se rompe la calma del lugar, con el alegre revoloteo de los micos. Recuerdo imborrable.

4. Parque Nacional Amacayacu y Lago Tarapoto

En 1975 se creó el Parque Nacional Natural Amacayacu, reserva de vida armónica entre la etnia ticuna, la naturaleza y los animales, Tiene una extensión de 293.500 hectáreas y muchas fuentes de agua; la quebrada Matamata es una de ellas. En el parque habitan tortugas, micos tití, reptiles y el cocodrilo más grande del mundo. Hay altísimos árboles para escalarlos o divisarlos desde las copas y a través de puentes colgantes.

En el parque Amacayacu la aventura se vive en tierra, aire y agua. El disfrute de la selva es muy completo gracias a la generosa biodiversidad y a la infraestructura de alojamiento y de recorridos ecológicos con cuatro actividades principales; pues aparte de la escalada al dosel de los árboles, es posible caminar, practicar canotaje y salir a avistar los delfines rosados, categoría endémica del Amazonas.

Es precisamente el lago de Tarapoto, un lago muy lindo, el principal entorno habitado por los delfines rosados, ubicado muy cerca del parque Amacayacu. Causa asombro el aspecto oscuro de sus aguas rodeadas de una generosa naturaleza, donde el espectáculo se completa cuando los delfines asoman sus lomos, como danzando, como jugando con el viajero que al final no se resiste a bañarse en las mágicas aguas para sentir el mismo placer de los delfines.

5. Puerto Nariño y San Juan del Soco

El departamento del Amazonas sólo tiene dos municipios, Leticia y Puerto Nariño; y este el siguiente destino en la travesía. Puerto Nariño se localiza a orillas del río Loretoyacu, afluente del Amazonas. Al pueblo lo arman pocas calles de cemento y césped en las que el tránsito es exclusivamente peatonal. No hay carros, ni el molesto trepidar de bocinas, ni espesas nubes contaminantes.

A cambio, Puerto Nariño ofrece un mirador para encaramarse y divisar, no solamente el pueblo, sino la selva y el denominado trapecio amazónico; o, cuando es la hora, el exclusivo atardecer. Se encuentra hospedaje en las malocas Napú y en el hotel Casa Selva, tiendas de víveres y buena comida. Puerto Nariño es un pueblo encumbrado, rodeado de espesa vegetación y de rutas que llevan hacia distintas comunidades indígenas.

Uno de los asentamientos ticunas más importantes del Amazonas está a pocos minutos de Puerto Nariño en la ribera del río Loretoyacu. Es el caserío San Juan del Soco, en el que cerca de 200 familias luchan a diario por preservar los valores de sus antepasados para transferirlos a las nuevas generaciones. Los habitantes de esta locación son generosos al ofrecer sus posadas turísticas; de tal manera que el viajero pueda llegar, se instale, se olvide de la gran ciudad y se entregue por completo al placer de sentir la selva y de aprender de los nativos sabios que la protegen, para bien de la humanidad.